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martes, 29 de marzo de 2016

EL HOTEL DEL GENERAL

EL HOTEL DEL GENERAL

D
on Francisco Pérez Fernández  en el año  1916 hizo esta casa buscando un lugar aireado y sano para su mujer, Emilia, que estaba enferma de tuberculosis y la fue bien por estos terrenos  pues pasaba largas temporadas y consiguió curarse su enfermedad. una placa en la fachada principal así lo reza junto con el año de la construcción.

Don Francisco estuvo en la guerra de Filipinas y trajo de ella varios recuerdos que cuelgan de las paredes de ingente caserón haciendo juego con muebles de la época, la espada de un pez sierra, una tortuga o una concha gigante aquí permanecen,  como también trajo de ese lejano país cañas de bambú para plantarlas en el jardín y aun siguen brotando anualmente y muchos son los jardines de la Losa  que se han surtido de este bambú procedentes del lejano país de Filipinas. Parece ser que vino desanimado
de esa guerra como todos los españoles de esa época de finales del siglo XIX que veían como el gran imperio español se derrumbaba que durante cientos de años había estado unido e iban perdiendo las colonias de Sudamérica y que en la literatura se plasmó en la generación del 98.  Le gustaba mucho la caza que por estos terrenos era abundante. Para construir este casón trajo de un convento de Extremadura toda la madera que en el hay, vigas, puertas ventanas, aleros, todo ello muy resistente y con adornos imperecederos.
P
or aquellos años a esta mansión se la
llamaba el hotel de don Francisco, fue cuando la heredó su hijo, también llamado Francisco cuando se le comenzó a llamar el hotel del General, dado que este tenía ese cargo en el ejército español,  director de la academia de artillería de Segovia y gobernador militar, también aficionado a la caza como su padre y “ buena persona que jamás hizo mal a nadie “ como recuerdan algunos del pueblo que le conocieron, tanto que algunos contemporáneos como el señor Adrián  al que salvo de un fusilamiento seguro le estuvo toda la vida agradecido colaborando con él y teniendo una fuerte amistad.
la falleba en una ventana

A
 la hora de construir el hotel no falta detalle, en la entrada de granito en jambas dinteles y escalones de una sola pieza de piedra, dando paso  a un portal engorronado de diferentes colores en los cantos del suelo y en el techo vigas labradas de la madera procedente del convento. Puertas y ventanas resistentes que tendrán cientos de años, pues cuando vinieron ya
reja procedente del convento
habían estado en uso en la edificación anterior arruinada de casetones con manillares y fallebas de hierro forjado que cierran las hojas de éstas. Una argolla a la entrada donde atar las caballerías de tamaño muy grande alegra la fachada toda hecha de mampostería de las piedras que sacaran de la misma finca pues toda esta llena de este granito. Las vistas que tiene esta construcción son inmejorables, pues no solo se ve la Mujer Muerta en todo su
engorronado del portal
esplendor sino el palacio de Riofrío con toda nitidez, la catedral de Segovia, el montón de trigo y el de paja, todo el horizonte que rozan los pinares de Santa María  el valle de Ceponillos que en primavera esta con su máxima belleza, pasando la vista por san Juan el Viejo, la cuesta la Vega y cerrando el círculo otra vez en la sierra.
Llegaban a la cerca varias caceras perfectamente encauzadas que se utilizaban para regar el huerto y frutales que allí había diseñadas estas caceras con inteligencia para que llegaran a todos los lugares repartiendo el agua por medio de estanques y horadada
la roca para su conducción. Resalta un pilón para lavar la ropa labrado en la misma roca con sus lavaderos correspondientes. Un pozo también ayudaba con su agua a las tareas del hogar. Acompañan a esta principal edificación un pajar aun mas antiguo que el hotel y una gran caseta de huerta con su porche correspondiente.
L
a piedra de granito nace del suelo con auténtica ferocidad en esa finca, en algunos tramos se han labrado escaleras y otras peñas lucen su musgo en total sintonía con el entorno.
placa inaugural

El general que lo fuera en los ejércitos de Franco nació dos años antes que éste (1890) y murió dos meses después (1976). Posteriormente esta heredad paso a manos de sus nueve hijos quienes aun la poseen con su larga descendencia que la aprovechan indistintamente sobre todo en verano pues necesitaría una gran reforma para hacerla habitable en invierno por el severo desgaste que el tiempo ha hecho en sus muros, aunque un hijo suyo, Toni, valiente donde los haya ahí me le encontré un frio día de este marzo luchando contra la intemperie.


Medita con humildad
Cuando aquí aparques el coche
Si en destreza haces derroche
Y alarde en velocidad
Modera tu vanidad
Y sirvate de consuelo
Que sobre este mismo suelo
Cuando llegaba a esta villa
Con el cordel a esta anilla
Ataba el burro tu abuelo.