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lunes, 25 de abril de 2016

LEYENDA DE FUENTESALÄ

FUENTE SALÁ

Hurgando en unos papeles viejos que me encontré en un edificio derruido y que me llamaron la atención leí lo que a continuación refiero:
La Fontana de Salá que mana su agua amarga por culpa de un amor desgajado.
E
n las bajuras de nuestra querida montaña, la reina de todas las sierras, montes valles serranías y vaguadas, a la que conocemos como la Mujer Muerta y bien se la pudiera llamar la Bella Durmiente a la espera de levantarse un día, sonde fluyen innumerables riachuelos, caceras y acequias, en grupillos diseminados de casas, se levanta un pueblo, La Losa, donde vivía hace cientos de años una bella lozana de ascendientes moros, que se convirtiera ella al cristianismo para poderse así casar con un muy alto esclarecido y excelso galán  de la ciudad del acueducto.
E
namorados estaban la lozana y el galán, y hermosos ratos de amor pasaban en una fuente que mana al oeste del pueblo, camino de Escobar de Tardajos, a media legua de la losa donde acudía la lozana después de atravesar por unos atajos, unas tierras adehesadas, unas que se aguadañan y otras que no, otras que se roturran para hacer pan, dejando a la derecha unas laderas de tierra inculta para desembocar así en una frondosa alameda con pastizales y agua fresca, donde acudían los gabarreros a portear leña de encinas, robles o fresnos y aparecer asi en la fuente donde la esperaba su amado que había llegado en su caballo negro brillante que pacía tranquilo en la verdosidad de la ribera del rio, que al lado de la fuente pasa y entre sonrisas y miradas pasaban los amantes la tarde y cuando el sol comenzaba a declinar la lozana cuesta arriba se dirigía  hacia su pueblo mientras se iba repitiendo en su interior los versos del poeta;
Enviarame mi madre
por agua a la fonte Frida
vengo del amor ferida.
Y
 así día tras día se daban cita la bella serrana mora y el caballero galán en la fuente. Pertenecía èste a la Noble Junta de Caballeros Linajes, porque su riqueza que tenia en tierras pr diversos caseríos y pueblos segovianos se media por estadales, prados de regadío y sembradura un sinnúmero de yuntas y ganado, peones y servidumbre, casas corrales y edificios, y un escudo blasonado en la portada de su casa para que se supiera la nobleza de su linaje
Y se había enamorado de una serrana mora, y allí acudia diariamente a dos leguas de la ciudad pasando por Madrona en dirección a La Losa. La fuente era el mudo testigo de sus quereres. Pareciese que el tiempo se hubiera detenido en el culmen de la felicidad para tan dichosos amantes, al lado del rio, con su unísono cantar de primavera, les acompañaba la brisa para hacer así un grupo de amor en la frondosidad de la fuente y allí cambiaban miradas y compartían palabras, y se rozaban, y ardía en sus corazones el volcán de la pasión amorosa, y se sonrojaban y como dijo el poeta;

En la fuente de agua clara
sus manos lavan la cara
Él a ella y ella a él
lavan la niña y el doncel.
C
uando ella permanecía en la soledad de su casa pensaba: “Porque duerme sola el agua amanece helada”, y èl se repetía en su imaginación: “ A la fuente del amor fui y de ella bebí”.
Un día estando en la fuente embriagados del placer que da la ribera dispusieron los esponsales. se casarían en la ermita de San Pedro esa que se ve en el cerro, sola, como esperando a los enamorados, invocaron al dios del cielo para su unión eterna y lo harían al comienzo del verano.
Cada mañana la bella serrana antes de clarear en los cerros de la sierra la hermosa luz del sol se preguntaba:
¿Cuándo saldréis alba galana, cuándo la aurora hermosa abrirá sus puertas para poder bajar esta tarde a la fuente fría y estar con mi amado ?
Y
 llegó el día esperado de la boda. Se levantó la novia esa mañana:
“Oh que mañanica, mañana
¡que mañana que tendrán!
La mora será feliz
también lo será el galán.
Un escueto séquito de acompañantes familiares de la novia acudió hasta la ermita de San Pedro, rodeados de un tropel bullicioso de chicos, infantes, púberes e impúberes llevando la novia todas las miradas de envidia que salían por las ventanas de sus jóvenes amigas.
El galán salió de la ciudad del acueducto con dirección a la ermita. Su camino preferido era el que guiaba por Madrona a pasar por la fuente y después subiendo al cerro del solitario templo. Pletòrico de alegría se comenzó a formar el cortejo de acompañamiento sl novio a la puerta de su casa bajo la fachada del escudo blasonado de alto linaje, allí acudieron coches de mulas para transportar enseres para el acto de la ermita, coches de caballos de los mas elegantes elegidos por colores, caballos de regalo, alazanes, tordos bayos todos sacados de lo mejor de la cabaña. Preparada en especial para el novio fue una calesa tirada por cuatro caballos negros jóvenes y brillantes que en su regia postura con la cabeza metida hasta el pecho, crines rizadas y ojos brillantes hacían un espectáculo vivo y hermoso al caminar los animales tirando del carruaje con el blasón de su linaje en la puerta. Salió todo el cortejo de las murallas de Segovia, el carruaje del novio iba el primero, escoltado por cuatro jinetes con la mismas componendas, detrás de ellos innumerables personas de alta alcurnia y nobleza de la capital, cada uno con su carruaje más elegante y sus mejores ropajes, así iban: predicadores, canónigos, el cabildo catedralicio en pleno, la mesa arzobispal, marqueses condes fiscales, escribanos, ministros de vara y juzgado, aguaciles de millones, tasadores de pleitos, aguaciles de cruzada, ejecutores de justicia, procuradores, intendentes, abogados, cambistas, alcaldes…etc. y la Noble Junta de Linajes de la capital.
Atravesó el pueblo de Madrona el nutrido cortejo y  aplaudían al galán desde las ventanas, tomó el camino que conduce a la fuente y a La Losa. No sabía el novio que ese día los aires estaban contrarios para él, la felicidad que todo el cortejo llevaba se tornaría en catástrofe unos metros después de pasar este pueblo, una desgracia le iba a ocurrir que le costaría la vida, diríase que el sol estaba eclipsándose al igual que su vida unos metros mas adelante. Los caballos que tiraban de su carruaje se empezaron a encabritar, piafaban y sonaban los cascos chispeantes contra las piedras del camino. Les intentaron sujetar, tanto el conductor de las bridas como los lacayos que formaban escolta a la carroza, pero era imposible. De repente se desbocaron y comenzaron a correr por el polvoriento carril haciendo un sonoro y desorbitado galope incapaz de controlar. El conductor de las bridas en su desesperación hizo que se salieran de la vía por donde iban galopando sin control a los sembrados de al lado del camino, y con bamboleantes brincos fue a parar el carruaje al agujero de una gigantesca sima donde mana el agua y que aun hoy se conserva. y en este pozo infame se quedaron para siempre jamás, caballos, carruaje y ocupantes tragados por el agua y el cieno imposibilitando toda tarea salvadora.
C
uando la noticia llegó a la lozana se desgarraron sus entrañas en un interminable llanto cuyas lagrimas se mezclaban con el agua de la fuente volviendo a éste àcido y amargo y como dijo el poeta;
“Miròse la lozana
miròse la garrida
en la fonte-frida
y ahogó allí su llanto
y ahogó allí su vida.”
Y
 desde entonces esa fuente del amor comenzó a dar agua dura, áspera, salada, mas que salada, amarga, para recordar para siempre que allí murió una mora y aún sigue llorando la muerte de su galán. y por eso desde entonces se la llama la Fontana de Sala ( fuentesalá) cuya agua es amarga para el estomago pero curativa para las heridas de la piel y del amor.
Y esta historia sucedió esa mañana a comienzos del verano que como dijo el poeta:
“! Oh que mañanica mañana
la mañana de san Juan
cuando la lozana y el caballero
ambos se iban a casar”!

Y
 así cientos de años después en 1814, se encauzó la fuente, se hizo una construcción para conservarla y se puso la inscripción: “ A beneficio de la humanidad doliente”, y allí acuden enamorados a mitigar sus penas, enfermos de salud, mozos de cordel con llagas en las manos, pobres vergonzantes, pobres de solemnidad, pobres tocados por el fuego sacro, enfermos de la piel, chalanes, arriero, trajinantes o  la quincallería mas rancia que después de las fiestas dormita ahí y todos hacen una señal de la cruz en el agua por la lozana mora que se la tragó la fuente y se lavan la cara y brazos para curar el sarpullido o cualquier erupción de la piel. Y aún hoy se sigue conservando la fuente y teniéndola reverencia usando su agua para fines curativos Hasta comienzos del siglo XX hubo un balneario a su lado muy frecuentado.
La fogosidad y la lumbre de la luna se perdió para reflejar todos los años la noche de san Juan la silueta de la mora con los ojos verdes dentro del agua en Fuentesalà, y para siempre se quedó sepultado en los cienos y aguas de la sima el galán. A veces se encuentra alguna joya en ese gigantesco agujero que era del caballero que perdió en su caída.
Y
 así reverenciamos esa fuente los habitantes de La Losa y demás comarcanos de lugares de alrededor y todos los años algún valiente se atreve a ir la noche de San Juan a fuentesalá por ver los ojos de la mora en sus profundidades.



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