FUENTE SALÁ
Hurgando en unos papeles viejos que me encontré en un edificio
derruido y que me llamaron la atención leí lo que a continuación refiero:
La Fontana de Salá que mana su agua amarga
por culpa de un amor desgajado.
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E
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n las bajuras de nuestra querida montaña, la reina
de todas las sierras, montes valles serranías y vaguadas, a la que conocemos
como la Mujer Muerta y bien se la pudiera llamar la Bella Durmiente a la espera
de levantarse un día, sonde fluyen innumerables riachuelos, caceras y acequias,
en grupillos diseminados de casas, se levanta un pueblo, La Losa, donde vivía
hace cientos de años una bella lozana de ascendientes moros, que se convirtiera
ella al cristianismo para poderse así casar con un muy alto esclarecido y
excelso galán de la ciudad del acueducto.
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E
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namorados estaban la lozana y el galán, y hermosos
ratos de amor pasaban en una fuente que mana al oeste del pueblo, camino de
Escobar de Tardajos, a media legua de la losa donde acudía la lozana después de
atravesar por unos atajos, unas tierras adehesadas, unas que se aguadañan y
otras que no, otras que se roturran para hacer pan, dejando a la derecha unas
laderas de tierra inculta para desembocar así en una frondosa alameda con
pastizales y agua fresca, donde acudían los gabarreros a portear leña de encinas,
robles o fresnos y aparecer asi en la fuente donde la esperaba su amado que
había llegado en su caballo negro brillante que pacía tranquilo en la
verdosidad de la ribera del rio, que al lado de la fuente pasa y entre sonrisas
y miradas pasaban los amantes la tarde y cuando el sol comenzaba a declinar la
lozana cuesta arriba se dirigía hacia su
pueblo mientras se iba repitiendo en su interior los versos del poeta;
por agua a la fonte Frida
vengo del amor ferida.
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Y
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así día tras
día se daban cita la bella serrana mora y el caballero galán en la fuente.
Pertenecía èste a la Noble Junta de Caballeros Linajes, porque su riqueza que
tenia en tierras pr diversos caseríos y pueblos segovianos se media por
estadales, prados de regadío y sembradura un sinnúmero de yuntas y ganado,
peones y servidumbre, casas corrales y edificios, y un escudo blasonado en la
portada de su casa para que se supiera la nobleza de su linaje
Y se había enamorado de una serrana mora, y allí
acudia diariamente a dos leguas de la ciudad pasando por Madrona en dirección a
La Losa. La fuente era el mudo testigo de sus quereres. Pareciese que el tiempo
se hubiera detenido en el culmen de la felicidad para tan dichosos amantes, al
lado del rio, con su unísono cantar de primavera, les acompañaba la brisa para
hacer así un grupo de amor en la frondosidad de la fuente y allí cambiaban
miradas y compartían palabras, y se rozaban, y ardía en sus corazones el volcán
de la pasión amorosa, y se sonrojaban y como dijo el poeta;
En la fuente de agua clara
sus manos lavan la cara
Él a ella y ella a él
lavan la niña y el doncel.
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C
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uando ella
permanecía en la soledad de su casa pensaba: “Porque duerme sola el agua amanece helada”, y èl se repetía en su
imaginación: “ A la fuente del amor fui
y de ella bebí”.
Un día estando en
la fuente embriagados del placer que da la ribera dispusieron los esponsales.
se casarían en la ermita de San Pedro esa que se ve en el cerro, sola, como
esperando a los enamorados, invocaron al dios del cielo para su unión eterna y
lo harían al comienzo del verano.
Cada mañana la bella serrana antes de clarear en los
cerros de la sierra la hermosa luz del sol se preguntaba:
¿Cuándo
saldréis alba galana, cuándo la aurora hermosa abrirá sus puertas para poder
bajar esta tarde a la fuente fría y estar con mi amado ?
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Y
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llegó el día esperado de la boda. Se levantó
la novia esa mañana:
¡que mañana que tendrán!
La mora será feliz
también lo será el galán.
Un escueto séquito de acompañantes familiares de la
novia acudió hasta la ermita de San Pedro, rodeados de un tropel bullicioso de
chicos, infantes, púberes e impúberes llevando la novia todas las miradas de
envidia que salían por las ventanas de sus jóvenes amigas.
El galán salió de la ciudad del acueducto con
dirección a la ermita. Su camino preferido era el que guiaba por Madrona a
pasar por la fuente y después subiendo al cerro del solitario templo. Pletòrico
de alegría se comenzó a formar el cortejo de acompañamiento sl novio a la
puerta de su casa bajo la fachada del escudo blasonado de alto linaje, allí
acudieron coches de mulas para transportar enseres para el acto de la ermita,
coches de caballos de los mas elegantes elegidos por colores, caballos de
regalo, alazanes, tordos bayos todos sacados de lo mejor de la cabaña.
Preparada en especial para el novio fue una calesa tirada por cuatro caballos
negros jóvenes y brillantes que en su regia postura con la cabeza metida hasta
el pecho, crines rizadas y ojos brillantes hacían un espectáculo vivo y hermoso
al caminar los animales tirando del carruaje con el blasón de su linaje en la
puerta. Salió todo el cortejo de las murallas de Segovia, el carruaje del novio
iba el primero, escoltado por cuatro jinetes con la mismas componendas, detrás
de ellos innumerables personas de alta alcurnia y nobleza de la capital, cada
uno con su carruaje más elegante y sus mejores ropajes, así iban: predicadores,
canónigos, el cabildo catedralicio en pleno, la mesa arzobispal, marqueses
condes fiscales, escribanos, ministros de vara y juzgado, aguaciles de
millones, tasadores de pleitos, aguaciles de cruzada, ejecutores de justicia,
procuradores, intendentes, abogados, cambistas, alcaldes…etc. y la Noble Junta
de Linajes de la capital.
Atravesó el pueblo de Madrona el nutrido cortejo
y aplaudían al galán desde las ventanas,
tomó el camino que conduce a la fuente y a La Losa. No sabía el novio que ese
día los aires estaban contrarios para él,
la felicidad que todo el cortejo llevaba se tornaría en catástrofe unos metros
después de pasar este pueblo, una desgracia le iba a ocurrir que le costaría la
vida, diríase que el sol estaba eclipsándose al igual que su vida unos metros mas
adelante. Los caballos que tiraban de su carruaje se empezaron a encabritar,
piafaban y sonaban los cascos chispeantes contra las piedras del camino. Les
intentaron sujetar, tanto el conductor de las bridas como los lacayos que
formaban escolta a la carroza, pero era imposible. De repente se desbocaron y
comenzaron a correr por el polvoriento carril haciendo un sonoro y desorbitado
galope incapaz de controlar. El conductor de las bridas en su desesperación
hizo que se salieran de la vía por donde iban galopando sin control a los
sembrados de al lado del camino, y con bamboleantes brincos fue a parar el
carruaje al agujero de una gigantesca
sima donde mana el agua y que aun hoy se conserva. y en este pozo infame se
quedaron para siempre jamás, caballos, carruaje y ocupantes tragados por el
agua y el cieno imposibilitando toda tarea salvadora.
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C
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uando la noticia llegó a la lozana se desgarraron
sus entrañas en un interminable llanto
cuyas lagrimas se mezclaban con el agua de la fuente volviendo a éste àcido y
amargo y como dijo el poeta;
“Miròse la lozana
miròse la garrida
en la fonte-frida
y ahogó allí su llanto
y ahogó allí su vida.”
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Y
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desde
entonces esa fuente del amor comenzó a dar agua dura, áspera, salada, mas que
salada, amarga, para recordar para
siempre que allí murió una mora y aún sigue llorando la muerte de su galán. y
por eso desde entonces se la llama la Fontana de Sala ( fuentesalá) cuya agua
es amarga para el estomago pero curativa para las heridas de la piel y del amor.
Y esta historia sucedió esa mañana a comienzos del
verano que como dijo el poeta:
“! Oh que mañanica mañana
la mañana de san Juan
cuando la lozana y el caballero
ambos se iban a casar”!
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Y
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así cientos de años después en 1814, se encauzó la fuente, se hizo una
construcción para conservarla y se puso la inscripción: “ A beneficio de la
humanidad doliente”, y allí acuden enamorados a mitigar sus penas, enfermos de
salud, mozos de cordel con llagas en las manos, pobres vergonzantes, pobres de
solemnidad, pobres tocados por el fuego sacro, enfermos de la piel, chalanes,
arriero, trajinantes o la quincallería
mas rancia que después de las fiestas dormita ahí y todos hacen una señal de la
cruz en el agua por la lozana mora que se la tragó la fuente y se lavan la cara
y brazos para curar el sarpullido o cualquier erupción de la piel. Y aún hoy se
sigue conservando la fuente y teniéndola reverencia usando su agua para fines
curativos Hasta comienzos del siglo XX hubo un balneario a su lado muy
frecuentado.
La fogosidad y la lumbre de la luna se perdió para reflejar todos los
años la noche de san Juan la silueta de la mora con los ojos verdes dentro del
agua en Fuentesalà, y para siempre se quedó sepultado en los cienos y aguas de
la sima el galán. A veces se encuentra alguna joya en ese gigantesco agujero
que era del caballero que perdió en su caída.
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Y
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así reverenciamos esa fuente
los habitantes de La Losa y demás comarcanos de lugares de alrededor y todos
los años algún valiente se atreve a ir la noche de San Juan a fuentesalá por
ver los ojos de la mora en sus profundidades.





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